De nuevo llegó ese período tan temido por los estudiantes... ¡el período de EXÁMENES!
El mío comenzó hace ya unas semanas, como siempre empecé con el alemán, el cual, bueno, aún no sé la nota, pero espero que no se haya dado tan mal y esta mañana he hecho los temidos (o agradecidos) exámenes de Dilling...No sé si os he hablado de él en algún momento...recuerdo que cuando lo conocí sentí que volvía a mis inicios en la universidad, estaba frente a un Jesús Punzón, a la alemana, la mismas ganas de enseñar y la misma simpatía, aún sin entender lo que decía en las clases (eran en alemán), recuerdo reírme bastante en ellas. Clases donde conocí a los primeros alemanes (algunos de ellos ahora grandes amigos), clases en las que tuve mis primeros contactos con el alemán y las bases contables del país, es curioso que sepa términos contables en alemán de los cuales no tengo ni idea de cómo son en inglés (supuesto idioma que conozco bastante bien), clases que me ayudaron a conocer la cultura universitaria, y las que aprendí que, definitivamente, los alemanes tienen otras formas más eficientes de hacer las cosas (tienen una fórmula para la localización de empresas... ¡así es imposible confundirse!)
La verdad es que he disfrutado yendo a esas clases, muchos dirán "pero eres erasmus", "no entiendes lo que dice", "en serio, ¿para qué vas?"... no sé...a mí me sirvieron, os digo de verdad que me ha servido ir a esas clases, tal vez no para aprobar el examen, o para coger apuntes o para cualquier otra cosa para la que sirven las clases normales, me han servido para conocer cosas nuevas, cosas que no pensé que podrían ocurrir en una clase, como llevarte la comida y comértela allí, como salir a por un café, levantando a toda la fila de alumnos y volver a entrar, volviendo a levantar al personal, como sentarse en las escaleras a coger los apuntes porque no hay sitio en una clase de trescientas personas o irte a la clase de al lado y ver al profesor mediante un proyector, o como, simplemente no tener con quién dejar al perro y llevarlo a la universidad. Todas estas cosas pasaban en esas clases, y cada vez que una de ellas sucedía yo pensaba... ¡si lo vieran mis profesores de la Unex!
Y es que son formas diferentes de dar y de recibir clases, formas que, al parecer, en el sistema alemán funcionan, pero reconozcámoslo...no queremos saber qué pasaría si alguien se presenta con su perro en clase... ¡jajaja!
Y bueno, parece que esto se acaba, julio ha terminado y con él el semestre de verano en Passau y por tanto, las clases, y me da pena, lo echaré de menos...
P.D. Por cierto... las clases no servirían, pero... ¡HE APROBADO! =)
Besos, Sara.
