Dicen que la infancia es como una borrachera, todo el mundo
recuerda qué hiciste, menos tú. Bien, pues por suerte, yo recuerdo muchas cosas sobre ese
maravilloso tiempo. Es cierto que muchas de las cosas las recuerdo porque alguien
me las ha contado, pero hay otras que por cosas de la mente aún recuerdo como
si fueran ayer.
Por supuesto en esos recuerdos están muchas personas, pero
durante la infancia, hay que decir que tu padre, tu madre y tus amiguit@s de la
guarde, son las personas en torno a las que gira tu vida. Yo, sin embargo,
estando la mayor parte del tiempo en el bar de mi padre, conocí a mucha gente,
gente que cuando hoy las veo por las calles me hacen recordar esos entrañables
momentos en los que me consideraba la princesa de todo aquel maravilloso
“reino”.
Y es que lo que realmente personalizó a mi infancia, y en
gran parte a mí, fue ese lugar, ese sitio al que todos consideraban su casa y
que sin duda era la mía.
Si me pongo a recordar todos aquellos momentos, no podría
parar de sonreír. Desde muy pequeña fue la muñeca de todas aquellas personas
que eran mi familia, de mesa en mesa, de grupo en grupo y cada cual mejor y más
cariñoso conmigo. Yo tenía la vida ante mí y no era consciente de que todo
eso, todas esas personas, sin duda marcarían una gran parte de mi vida.
Aún hoy, como he dicho, cuando veo a alguien de aquella
época, me hace sentirme nostálgica y desear volver a esos días en los que todo
era felicidad, con juegos, barbacoas, fútbol, navidades, todo era diversión y
sonrisas y nada de lo que preocuparme.
Aunque, desgraciadamente, aquello como todo acabó, pero hoy
siento esa gran satisfacción cada vez que alguien me dice “echo de menos
Bolero” y es que te das cuenta de que no es el sitio, no es lo feo o bonito que
esté, lo buenas o malas que sean las copas, no es nada de eso lo que te hace
volver, son las personas, es esa persona que te sirve cada día el café, que te
acompaña, que te escucha, que no es un simple tabernero, sino que es tu amigo,
tu familia y eso es por lo que realmente la gente echa de menos Bolero, por lo
que fue, por lo que vivieron, por su gente, y por supuesto, por él.
A todas esas personas, gracias por formar parte de esa etapa
de mi vida, a las que conocí en ese momento y a las que aún ahora me seguís
llamando Sarita, porque aunque me haga mayor y diga que no me gusta, sé que lo
hacéis porque para vosotros siempre seré aquella pequeña princesita dueña de su
reino.
Se os quiere, Sarita ;)

Todos echamos de menos Bolero. Su ajedrez. Sus días de fútbol. Aquella niña a la que había que sortear para no pisarla. Y es verdad que aquello acabó. Pero, por fortuna, aquella niña se convirtió en esa maravillosa mujercita que es hoy. Aquellos momentos se convirtieron en este cajón sin fondo de hermosos recuerdos. Y todos somos un poco mejores gracias a que conocimos al tipo aquel que regentaba el chiringuito. Otros tendrán Las Vegas, tendrán noches de Cancún, días de vino y rosas. Nosotros tuvimos nuestro Bolero, nuestra pequeña Sara, nuestras tardes de ruido y música y amistad. Fuimos afortunados y fuimos felices, sólo que éramos demasiado jóvenes y ruidosos como para darnos cuenta que la felicidad olía a cafetería y tenía nombre de canción nostálgica. Un beso, Sara.
ResponderEliminarFlorián R.